Folklore Arandino
Folklore es un término proveniente del inglés folklore: folk (pueblo) y lore (conocimiento). Significa, por tanto, conocimiento del pueblo, o cultura del pueblo. Muchos autores consideran a esta palabra sabiduría popular.
La música tradicional, música folklórica o música típica (como se le conoce en algunos países de América), es la música que se transmite de generación en generación (y hoy día también de manera académica) como una parte más de los valores y de la cultura de un pueblo. Así pues, tiene un marcado carácter étnico que normalmente no la hace fácil de comprender a escala internacional. No obstante, existen excepciones notables como el flamenco, la jota, el tango, el samba, cumbia colombiana y, en general, todos los ritmos latinos que hayan mantenido cierta entidad propia con el tiempo y sean algo más que una moda.
La música folclórica en España es tan variada como lo son sus regiones. Sin embargo hubo una serie de ritmos extendidos por toda la península que, con el tiempo, o bien variaron haciéndose distintos en cada región o desaparecieron en algunas y quedaron como particulares de las otras, como es el caso de la jota, que mucha gente cree particular de Aragón, siendo una danza que se interpreta en casi toda la península. En general, las manifestaciones entendidas como música folclórica o de transmisión tradicional tienen orígenes en el período entre 1800 y 1950. Son contadas las ocasiones en que es posible trazar orígenes barrocos o renacentistas como es el caso de algunas danzas ligadas a rituales religiosos. Si atribuir inicios medievales a determinados repertorios es ya aventurado, el pretender orígenes griegos, ibéricos, célticos o fenicios denota ignorancia o falta de profesionalidad musicológica.
Entre los tipos más importantes hay que destacar el cante hondo, cante jondo o flamenco, la copla, el cuplé, el fandango, la isa canaria, la jota, la muñeira, los paloteos o balls de bastons, el pasodoble, las pardicas, la rebolada, la sardana, los verdiales y la Danza Prima.
En Castilla y León la zona ha estado abierta a diversas influencias musicales a lo largo de su historia, lo que se refleja en la extraordinaria variedad actual y dificulta cualquier estereotipo reductor.
León y Zamora, con un sustrato lingüístico común con Miranda do Douro y Asturias, presentan incluso rasgos comunes con Galicia. La gaita se utilizó en estas zonas y en el norte de Castilla hasta inicios del siglo XX. El empleo de chifla y tamboril a cargo de un mismo intérprete cuenta con un rico repertorio tradicional, especialmente en Salamanca. En casi toda la zona existe una vigorosa tradición de música para dulzaina y rondallas de cuerda. Entre los ritmos de danza populares se encuentran la charrada a compás de 5/8, los bailes de rueda, la jota y las habas verdes. Como en otras zonas de la península ibérica, se practican paloteos rituales.
La dulzaina es un instrumento tradicional de viento de lengüeta doble de la familia del oboe. Tiene forma cónica y unos 30 cm de longitud.
En Castilla y León se toca la dulzaina castellana, que se caracteriza porque suele tener llaves en los agujeros. Las llaves se añadieron a la dulzaina castellana a finales del siglo XIX. Inicialmente se añadieron dos llaves y posteriormente se añadieron más hasta que el constructor vallisoletano Angel Velasco estableció el modelo castellano moderno de ocho.[1] Es un elemento muy arraigado al folclore, casi siempre acompañado por un tamboril o caja, cuyo intérprete es denominado tamborilero, tamboritero o redoblante. En este territorio recibe diferentes nombres como «pito» en el norte de Palencia o «gaita» en Soria y Burgos, aunque también se le conoce así en Segovia.

Fernando Ortiz de Frutos, dulzainero del Nuevo Mester de Juglaría.
Debido a la gran intensidad de sonido que produce la dulzaina, se suele utilizar el «pito castellano» para poder practicar en entornos no insonorizados. Este instrumento tiene un sonido similar a una flauta dulce, pero con la misma digitación que la dulzaina, lo que facilita el aprendizaje de partituras en un entorno doméstico.
Algunos grupos, como la banda Ars Amandi, han fusionado en sus composiciones la dulzaina con otros instrumentos típicos del rock como la guitarra eléctrica o el bajo creando un nuevo género musical denominado "rock castellano".
La rueda es un baile especialmente practicado en tierras del Alto Duero: Segovia, Burgos y Soria y en Cantabria. No lo suele bailar una sola pareja, pues se requieren muchas para que sea verdaderamente una rueda. Es un baile de masas, sencillo y elegante. Las parejas bailan sueltas y todas hacen lo mismo. El tamborilero ataca con brío un redoble avisador, y el dulzainero lanza vibrantes notas de atención; los mozos buscan sus parejas, colocándose en corro y comenzando la rueda. Las parejas –los mozos fuera; las mozas dentro del cerco– inician el movimiento rotatorio bailando unas tras otra en rueda. Lentamente, poco a poco, la danza se anima: el gaitero aligera algo el ritmo; el cerco se hace más tenso; el giro más rápido –nunca apresurado–, y la rueda forma un espléndido y pintoresco carrusel. Es un baile grave y gracioso. Su aparato y su uniforme sencillez le dan cierta prestancia y empaque, bien en armonía con el carácter reposado y solemne del campesinado castellanoleonés. Requiere la rueda para bailarse, grandes espacios: las amplias salas del Concejo, y mejor todavía, las plazas de los pueblos o de las villas en rededor del rollo.
El ritmo que acompaña al baile de Rueda puede variar, pero el más representativo, característico y antiguo es un ritmo irregular transcrito generalmente en 5/8, en el que el compás se divide en 5 tiempos siendo acentuados el primero y el cuarto. Este aspecto es compartido con el baile Corrido (Soria, Segovia) y la charrada (Salamanca). También el zortziko vasco suele transcribirse en 5/8, aunque presenta una acentuación diferente. Aunque en la actualidad es casi siempre la dulzaina acompañada de la caja ó redoblante el instrumento utilizado en la interpretación de La Rueda, existen también ruedas cantadas dónde la voz humana es acompañada por la pandereta. Ejemplares de este tipo fueron recogidos por Federico Olmeda en su Cancionero Popular de Burgos, dónde también figuran ejemplares de Rueda interpretados con otros instrumentos como la gaita y el pito.
La jota es una danza española extendida por gran parte de la geografía de España.
Varía según las regiones, aunque la jota de Aragón, la de Castilla la de León, la de la Comunidad Valenciana, la de Navarra y La Rioja, la «montañesa» de Cantabria, la de Asturias, la de Galicia, la de Extremadura, la de la Alta Andalucía y la de Murcia son quizás las más conocidas y populares. Entendida como representación escénica, la jota se canta y se baila acompañándose de castañuelas y los intérpretes suelen ir vestidos con trajes regionales. En Valencia, antiguamente, se bailaba la jota en la ceremonia de los entierros También se bailaba —y se baila— en Cataluña, y especialmente en la zona de las Tierras del Ebro (Amposta, Tortosa, etc) y en el Campo de Tarragona (jota fogueada).[1] También en Canarias las jotas y rondallas con carecterísticas peculiares eran la parte del folclore más destacada, hoy día un tanto desplazadas por la protección hacia otros estilos más autóctonos. No obstante, en las islas existe la isa, una pieza musical que deriva de la jota. En Filipinas, los religiosos españoles trasmitieron la jota a los tagalos, que la interpretan en rondallas y acompañada de instrumentos nativos.
La jota castellana (tanto la de la región castellano-leonesa, como la de Madrid y la castellano-manchega) se suele acompañar con guitarras, bandurrias, laúdes, dulzaina y tamboril. Todo mientras la pareja de bailarines danza manteniendo las manos encima de la cabeza, ocasionalmente acompañados de castañuelas. La jota castellana, se baila con los característicos pasos saltados, un poco picada, y es más sobria y menos movida y airosa que la de Aragón. La música va frecuentemente acompañada por canciones que reciben el nombre de coplas. Éstas a veces tratan del amor, de las bodas (en las que se daban consejos y alabanzas a los novios), de la vida o de su religiosidad, pero casi siempre se caracterizan por su picaresca y gran sentido del humor.
Uno de los temas que han despertado interés dentro de la antropología y el folclore de nuestros pueblos es el de las danzas de palos o paloteos. La existencia de este tipo de baile ritual se distribuye por un amplio espectro de países. Quizá sea Europa el continente que más arraigada tenga esta tradición, en la que España ocupa un puesto destacado por la variedad y riqueza regional que aporta.
Son muy diferentes las causas que han mantenido vivos estos grupos de danzantes, pero quizá la religiosa sea la más importante, aunque en su origen nada tuvieran que ver un hecho y otro.
Sin duda, estas danzas deben emparentarse con ritos paganos, siendo en esta cuestión de la procedencia u origen donde las teorías se enfrentan con mayor fuerza: la idea más generalizada hace unos años era dar a estas danzas un carácter guerrero; su origen sería la derivación de las danzas de espadas, de origen megalítico y significado medicinal o curativo, según M. Schneider. Pero cada vez se impone más la cuestión de atribuirlas cualidades propiciatorias y de fertilidad, emparentándolas de este modo con ritos agrarios ancestrales. En este sentido resulta acertada la idea de Josep Crivillé en la que recuerda cómo los palos o pequeños bastones fueron los primeros instrumentos del hombre para realizar sus tareas de agricultura en las sociedades preagrarias. Por otra parte es un hecho indiscutible la creencia de considerar a la danza como elemento que favorece la germinación de cosechas. Esto puede verse refrendado en muchos de los pasajes de estos bailes, cuando los propios danzantes se inclinan hacia la tierra y clavan el palo en ella recordando esta actividad agraria de la siembra por medio de un bastón. Otra posibilidad que se baraja es la de contemplar los paloteos como restos de antiguas danzas gremiales. En lo referente a Portugal, los paloteos (danças de pauliteiros) constituyen la principal atracción turística y tópico identificador de la zona de Miranda do Douro.
En Castilla palotear: acto de niligencia A partir del siglo XVI la documentación sobre el tema es mucho más generosa, y según se desprende de ella, este tipo de bailes, en España, se centra casi siempre en torno a la festividad del Corpus Christi: este carácter ha permanecido muy arraigado en la región Castellano-Manchega. Por el contrario en la zona de Castilla la Vieja los paloteos han pasado a representarse más en la festividad del Santo Patrón o a la Virgen del lugar, aunque según parece, en siglos pasados también se realizaron en día del Corpus. En muchos pueblos estas danzas se han separado del rito religioso pasándose a representar con motivo de ciertos acontecimientos o como simple manifestación folclórica.
Autores diversos señalan el origen de estas danzas procesionales en la bula de instauración de la festividad del Corpus Christi por el Papa Urbano IV en el siglo XIII. Al parecer, las palabras de la bula: cante la fe, dance la esperanza, salte de gozo la caridad fueron interpretadas al pie de la letra por el pueblo, sin que la Iglesia se opusiera a ello. Ordenada la celebración de la fiesta también por el Concilio de Trento abundan, a partir de entonces, referencias de estas danzas en numerosos archivos.
Como ya hemos adelantado, del estudio de las letras, hay momentos históricos que revitalizan estas danzas, como puede ser la exaltación de signos cristianos frente a los judíos que, de alguna manera, abonan el terreno para que se produzca la expulsión de éstos por los Reyes Católicos; tal es el caso de las danzas del Corpus de Camuñas (Toledo) o la danza de los diablos en Huete (Cuenca)que aún se conservan y son interpretadas para las fiestas de San Juan Evangelista (en el Barrio de Atienza, el 2º fin de semana de Mayo y en 2012 celebra sus 500 años de historia algo nunca visto en Castilla, y casi único en España) ganadora de varios premios folkloricos (www.sanjuanhuete.com).
Otro momento en que se reivindica con la danza una decisión política, es la invasión francesa en 1808, apareciendo muchas letras contra los franceses, como éstas recogidas en Albalate de las Nogueras, y en Sotos (Cuenca), respectivamente:
- En la puerta de Santo Domingo
- hay un pájaro francés;
- quiera Dios que le corten las alas,
- quiera Dios que le corten los pies,
- quiera Dios que le corten el pico
- pa que no pueda comer.
-En Huete se canta así:
- En la puerta de Santo Domingo (Iglesia del barrio de Atienza, Huete)
- hay un aájarito francés;
- que si subo le corto las alas,
- que si bajo le corto los pies,
- que si pico, que no pico
- que si pico que lo digo yo, tataratatata....(música de la danza de los diablos)
- Al son de la caramañola
- que muera la Francia y su nación.
- Matasteis vuestro rey,
- y a la reina también,
- en el porrón del vino
- tenéis vuestra afición.
Muchas de estas danzas se han perdido o se están perdiendo actualmente. Un ejemplo de como eran estas danzas es el siguiente, basado en las danzas de Aranda de Duero, (Burgos), información obtenida de los escasos libros y trabajos de campo sobre el tema.
La información más difundida sobre la existencia de un grupo de danzantes en esta Villa procede del libro Danzas Típicas Burgalesas (2). Como veremos sus datos presentan ciertas irregularidades. El libro reseñado nos dice textualmente:
"La Rosa en el Palo Verde. -Antiguamente, la bailaba una cuadrilla con ocho danzantes con su zarragón al frente, el día 3 de mayo, festividad de la Invención de la Santa Cruz, bailando delante de la imagen en la procesión que salía de la ermita de San Isidro. Según tradición esta danza data de principios del siglo XIX. La indumentaria que vestía este grupo era la típica de los danzantes de muchos pueblos de la Ribera: camisa y enaguas blancas, con gran cantidad de cintas multicolores pendientes de los hombros y cayendo por la espalda"
En Soria son tradicionales los bailes de paloteo, que interpreta el Grupo de Danzas del Barrio Las Casas. Vestidos con el traje tradicional bailan chocando y entrelazando palos de madera con ambas manos, tanto hombres como mujeres. También se baila la jota castellana y el cordon (poste de madera con cintas de colores atadas en lo más alto). Los bailes tienen letra y se interpretan a los sones de gaita y tamboril.
Entre los danzantes se distingue la figura del zarragon, personaje vestido con pantalones blancos de lana merina, chaqueta de cuero y gorro de cañon de chimenea; Porta como objeto más significativio unas henormes tijeras que usa para ahuyentar a otro personaje, el diablo que con una horca de madera intenta dificultar el baile a los danzantes, levantándoles las faldas a ellas y pinchando a ellos con la horca; a la vez que hace alardes y malabares.
. Otros de los integrantes del grupo y no menos importantes son los palilleros, que van vestidos al igual que los danzantes, pero además portan unas alforjas donde recogen y dispensan los palos a los danzantes. Los paloteos más famosos son: "tiéndeme la red", "al pasar por Toledo", "la muerte del zarragon", "vengo de Reinosa" y "entra el pájaro". La picaresca se une en el baile del cordón; y así reza una de sus letras: "Estaba Fray Diego, sentadito al sol las bolas colgando y tieso el bastón. Llegó una señora y como lo vio le dijo muy seria: ¿Qué es eso señor? Estas son las bolas de la munición y esta la pistola con la que apunto yo ...." La jota es otro de los bailes que se interpretan; jota de estilo parecido al castellano pero con mucha más movilidad. Mención especial merece el baile de la "muerte del zarragon", donde después del baile se simula la muerte de este, y es portado a hombros por los danzantes. No se conoce con seguridad el origen de estas danzas, pudieran ser guerreras o pastoriles, pero de lo que si estamos seguros es de que tienen de una larga tradición familiar.
En Aranda de Duero, a principios del Siglo XX había un grupo de estas características, pero únicamente se formaba para las ocasiones especiales, disolviéndose a continuación. En algunas ocasiones se contrató a otros danzantes, como los del pueblo vecino de Fuentelcésped, para ciertas solemnidades, puesto que fue imposible organizar al grupo de Aranda.
Esta cuadrilla estuvo compuesta por ocho danzantes y un zarragón, pero según parece nunca tuvieron por tradición bailar en día de la Cruz, aunque alguna vez, esporádicamente, lo hicieran. En esta procesión la danza era libre y podía participar en ella cualquier mozo. Por otra parte la comitiva salió siempre de la Iglesia parroquial de San Juan o del convento de la Vera Cruz, variando según ciertas épocas de la historia de la villa, pero nunca lo hizo de la ermita de San Isidro como vimos anteriormente.
Respecto a la indumentaria que portaban los danzantes no se conoce con detalle, pues lo que nos dice Justo del Río resulta insuficiente para dar una buena visión del traje. Lo que recuerdan los arandinos tampoco aporta mucho más: "bailaban con faldillas y blusa de color blanco. Tenían, además, adornos bordados". No recuerdan si llevaban cintas de colores o no. Sin embargo, todo ello no quiere decir que el traje de estos danzantes fuera como los de otros grupos ribereños, pues aunque siempre hay ciertas afinidades, una excesiva simplificación no debe conducirnos al grave error de generalizar demasiado las cosas, pues con ello se perdería el carácter etnográfico que tanta importancia tiene en estos casos.
En 1925 surge otra cuadrilla de danzantes para un acontecimiento muy especial. Se trata de la consagración de don Silverio Velasco como Obispo de Ticelia.
En esta ocasión el grupo está transformado completamente. Se puede decir que se trata de una nueva cuadrilla: ahora la componen dieciséis danzantes y su zarragón, número poco corriente en este tipo de danzas que suele ser de ocho.
La indumentaria que portan es también diferente. Los danzantes de este nuevo grupo vestían un pañuelo de flores alrededor de la cabeza, anudado en la parte derecha. Camisa blanca con corbata de diferentes colores y chalecos rojos, amarillos, blancos y malvas. Pantalón hasta la rodilla del mismo color que el chaleco. También tenían una faja roja o negra en la cintura y una banda que les cruzaba del hombro derecho a la cadera izquierda, de color amarillo o rojo. Unas medias blancas y zapatillas de cuero atadas con cintas, completaban el traje. El Zarragón portaba una chupa y un pantalón de jirones rojos y amarillos distribuidos regularmente de forma arlequinada.
Vemos como en cuestión de unos años ha evolucionado un grupo de paloteo de forma sorprendente, hecho que es aceptado por la población pasando a formar parte de una tradición.
Este grupo si que bailó el día dos de mayo, no el tres como se dice en el libro de las Danzas Típicas Burgalesas, durante la procesión de la Santa Cruz. Este acontecimiento no resulta una tradición pues fue la única vez que esta cuadrilla lo realizó, y se hizo así por estar programado dentro de los actos de la consagración como obispo de este arandino que citamos anteriormente.
Estas circunstancias descritas inducen a pensar que la información recogida por Justo del Río atribuye las actividades de este grupo al que existió en el siglo XIX.
Respecto al origen de estas danzas en Aranda de Duero, la información más antigua en la que se menciona la existencia de una cuadrilla de danzantes procede del libro Memorias de mi Villa y mi Parroquia. El autor al hablar de las fiestas del Corpus en la ciudad, basado en un escrito del archivo municipal, escribe: "En el año de 1553 con el fin de promover el regocijo público, mandaba pregonar el Ayuntamiento que se daría un ducado a cuantas personas en ese día saliesen con danzas... Al año siguiente (1554)... se ordenó que cada año al servicio de Dios Nuestro Señor tuviese la danza una cuadrilla y que la Villa les ayudaría a la costa, y que como fuese la danza, así se pagaría".
Podemos suponer, según nos revela el texto citado, la existencia de un grupo de danzantes en el siglo XVI relacionado con la festividad del Corpus Christi, como ocurría en otras zonas de España. Sin embargo, pronto desaparece esta tradición, pues en el siglo XVII ya no se hace referencia a esta cuadrilla, entre los actos organizados para esta festividad.
Es posible que este grupo siguiera una evolución parecida a la de otros pueblos; después del siglo XVII la festividad del Corpus decayó en muchos lugares, sin que por ello estas cuadrillas desaparecieran. Más bien siguieron vinculadas a otros ritos religiosos, principalmente procesiones patronales y romerías además de participar en actos relevantes u homenajes que cada pueblo realizase por el motivo que fuera.
Los danzante de estas cuadrillas también ejecutaban otras bailes. Las danzas siguen unos "Tipos" generales que se suelen repetir por todas las cuadrillas de la región. Cada lugar modifica la melodía, los pasos y las letras, lo que permite diferenciar unos paloteos de otros. En Aranda de Duero, estas danzas-tipo suelen ser de cuatro clases: las de palos que son las más numerosas, el Cordón o Trenzado, el Castillo o Castillete y los Oficios.
El Castillo o Castillete que consistía en hacer una torre humana formada por los danzantes al ritmo de la melodía.
El Cordón o Trenzado: se ejecutaba dando vueltas alrededor de un mástil del que pendían tantas cintas como danzantes bailaban. Estas cintas se iban trenzando al pasar alternativamente unos mozos entre otros. Posteriormente se volvía a deshacer efectuando los ejecutantes las pasadas en sentido inverso.
La danza de los Oficios no se tiene conocimiento de que se representase; consiste en imitar por medio de mímica el trabajo de carpinteros, albañiles, zapateros, etc., al son de la música. Este tipo de baile está bien documentado en otras zonas de Burgos. Entre las danzas paloteadas mencionaré la Rosa en el Palo Verde por la amplitud geográfica que ha alcanzado, siendo quizá, la más extendida entre estos grupos. La versión de Aranda mezcla estrofas de diferentes canciones.
La letra de la danza es como sigue:
- La rosa en el palo verde,
- ella misma dice así:
- que dulzura y que belleza
- si no me sacan de aquí.
- Como quieres que te traiga
- cuatro cosas por un real:
- una pera y un membrillo,
- una aguja y un dedal.
- La aguja para coser,
- el membrillo "pa" guardar,
- la pera para comer
- y el dedal para empujar.
De esta forma el baile se repetía tres veces, uno por cada estrofa, las cuales tenían también la función de ser una especie de regla mnemotécnica para que el danzante no olvidase el baile. Esto originó que muchas estrofas no tuvieran un sentido lógico pues su función principal no era la poética sino la de recordar la danza.